Viernes , 2 diciembre 2016
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¿Y si aparcas tu PC y te pasas a Mac?

¿Y si aparcas tu PC y te pasas a Mac?

Jamás había utilizado un Mac para trabajar. Me habían dejado alguno para cosas puntuales, pero eso era todo. Mi etapa de estudiante coincidió con el boom de los netbooks (una burbuja solo superada por la de los marcos de fotos digitales), por lo que mi viejo Acer con Ubuntu no estaba tan solo. Y en el sector tecnológico, una ventana en una campo de manzanas. Así que cuando Apple me ofreció pasar un mes con un MacBook me sedujo la idea.

Mi amigo y compañero Javier Lacort suele hablar del síndrome de miembro amputado al analizar teléfonos. A grandes rasgos, lo que quiere decir es que si cuando tiene que devolver un dispositivo lo echa de menos y trata de acudir a él, como hacía cuando lo tenía, es un buen móvil. Pues a mí me han amputado un Mac. Y sin anestesia.

Tengo que reconocer que al principio me daba miedo. Tanto, que no me atreví a llevarme el ordenador cedido por Apple (un MacBook Pro con pantalla Retina de 13 pulgadas y 8GB de RAM, por cierto) al Mobile World Congress. La feria es una locura y no podía perder el tiempo con nimiedades como no ser capaz de encontrar mis archivos. Ahora ya sé que este temor era infundado y que podría haber trabajado con él sin problema. Si no fuese imposible conectarse a una red WiFi en el evento de Barcelona, claro, pero eso no es culpa de los de Cupertino.

Pero, ¿qué es exactamente lo que me ha gustado? El diseño está muy bien, el sistema operativo es intuitivo y el rendimiento es incomparable. Sin embargo, no es eso. Lo mejor de un MacBook, al menos en mi opinión, son los intangibles. El ordenador de Apple no es Jordan (o Gasol), sino Pippen (o Garbajosa). Aporta algo, que no sabes qué es, que hace que todo funcione. Hasta es posible que sea capaz de mantener a Rodman a raya.

Esto ha hecho que durante este mes haya usado más el ordenador prestado que el mío, al menos, siempre que me ha sido posible. Era infiel y ni siquiera tenía sentido de culpabilidad. Y lo peor es que no buscaba una aventura loca; algo que mi matrimonio pecero no fuese capaz de ofrecerme, sino que me contentaba con ver la rutina con otros ojos.

De hecho, muchas de las funciones propias ni siquiera me resultaban atractivas. La experiencia Apple está muy bien y continuar en la tableta un trabajo comenzado en el portátil puede resultar muy útil, pero en mi caso es más algo que mostrar en las presentaciones que una aplicación práctica.

¿Significa esto que me voy a pasar a OS X? No. O, al menos, no por el momento. La serpiente me ha tentado y la manzana tiene muy buena pinta, pero al sistema operativo todavía le falta tirar de talonario para atraer desarrolladores (en este sentido, Steam les ha hecho un magnífico favor), por ejemplo.

Pero el problema principal, en mi caso y en el de muchos otros, es el precio. El Mac está muy bien; comer y dormir bajo techo, mejor. Por ahora no me lo puedo permitir y pasará mucho tiempo hasta que gastarme un mínimo de 1.000 euros en un portátil no sea un problema. Pero tarde o temprano el tiempo o mis manazas harán que necesite un ordenador nuevo y entonces la historia podría cambiar.

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